Plaza Candelaria

En esta antigua plaza, el espacio ajardinado se organiza en torno a una glorieta central con caminos radiales comunicados con un paseo perimetral, algunos de ellos cubiertos por pérgolas cubiertas por buganvillas. El acerado externo que bordea la plaza presenta una hilera de olmos en el borde exterior. En la parte interna del acerado nos encontramos con una hilera de naranjos amargos, que en primavera perfuman la plaza con el intenso olor de sus flores de azahar. En los parterres, entre las especies arbóreas presentes,  destacan los siguientes ejemplares: una Araucaria o Pino de Norfolk (Araucaria heterophylla) de más de 100 años;  una Palmera datilera (Phoenix dactylifera) también de más de 100 años; Palmera canaria (Phoenix canariensis), ejemplar de más de 100 años.

foto Ayuntamiento de Cadiz

Desde tiempos inmemoriales, existió en el lugar una plazuela contigua a la ermita, denominada de la Ermita de los Moriscos, en torno a la cual se levantó en, 1567, el Convento de la Candelaria, que tenía un amplio jardín para uso de las religiosas Agustinas y que fue reedificado en 1680, pero, tras la Desamortización de Mendizábal en 1836, el Convento fue destruido definitivamente en 1873 por Orden del Alcalde Fermín Salvochea, a causa del lamentable y ruinoso estado urbanístico en que se encontraba.

Las Agustinas siguieron siendo las propietarias del solar varios años después del derribo hasta que, en 1879, el Ayuntamiento de Cádiz fue autorizado a adquirir el amplio solar para destinarlo a plaza pública. Hasta 1884, la Plaza de la Candelaria sirvió para albergar el Circo Teatro Gaditano, donde se representaban toda clase de espectáculos artísticos. El solar del convento fue objeto de distintos usos, como lugar donde se instalaban los circos y se celebraban las antiguas ferias de invierno.

En el año de 1884, el alcalde José Ramón de Santa Cruz acometió una amplia reforma y urbanización de la mencionada plaza. Derribó el Teatro y ajardinó el solar, colocándose en el centro una hermosa fuente de mármol que se mantuvo hasta el año 1903, en que fue retirada. En 1906 se coloca en su lugar una estatua en homenaje a Emilio Castelar, gaditano, político, historiador, periodista, gran orador y escritor español, presidente del Poder Ejecutivo de la Primera República entre 1873 y 1874.

La escultura, en la que aparece con el brazo extendido como dando un discurso, fue realizada en bronce por el escultor zamorano Eduardo Barrón y colocada sobre un pedestal realizado por el arquitecto Cabrera Latorre. La Plaza pasa a denominarse Plaza de Castelar y los sucesivos gobiernos municipales posteriores fueron cambiando alternativamente el nombre hasta llegar a nuestros días, en los que ha prevalecido el de Plaza de la Candelaria.